CÓMO FAVORECER LA CREATIVIDAD DENTRO DEL AULA

Columna de Juan Luis Cordero, psicólogo educacional y profesional del área de Experiencia Docente de Elige Educar, sobre cómo fomentar la creatividad entre nuestros estudiantes. 

 

En reiteradas ocasiones, el especialista en educación Ken Robinson ha afirmado que las escuelas -y el sistema educativo en general- hoy matan la creatividad en vez de promoverla. Si bien puede sonar demasiado drástico, no deja de ser un hecho cierto y empíricamente observable en la dinámica pedagógica de muchos establecimientos.

Según algunos estudios longitudinales, a medida que los niños avanzan en años de escolarización, disminuyen drásticamente su pensamiento divergente, que es la habilidad que sustenta la creatividad. El pensamiento divergente “es la habilidad de idear muchas respuestas diferentes frente a una pregunta así como de interpretar de múltiples maneras distintas una pregunta”. Su contraparte es el pensamiento convergente, que es justamente la capacidad de encontrar una sola respuesta correcta.

Frente a preguntas tales como qué se podría hacer con un clip a niños de 3 años, una gran mayoría es capaz de imaginar cerca de 200 respuestas diferentes; luego de 5 años de escolaridad, el porcentaje de niños disminuye a la mitad; y cuando alcanzan los 13 años de edad, el porcentaje es mínimo y una gran mayoría sólo da una respuesta correcta.

La explicación de esto es que los alumnos han aprendido que sólo existe una respuesta correcta: en la medida en que se han “educado”, se han vuelto sorprendentemente menos creativos e imaginativos, reduciendo a su mínima expresión esa capacidad innata que todos tenemos en un comienzo.

Lo dramático de esto no es tanto la pérdida de una determinada habilidad en las personas, sino que es la pérdida de tal vez la habilidad más importante de cara a los desafíos del siglo XXI y del tercer milenio. En un mundo en constante cambio, cada vez se requiere de más y mejores ideas, de una alta capacidad de innovación no sólo para resolver problemas sino que para comprender el entorno que nos rodea. Si hoy es un recurso clave, en 20 años será probablemente el más valorado de todos y el que diferenciará más las competencias entre una persona y otra.

Posiblemente, la alternativa más estratégica para detener este círculo vicioso es recurrir a los profesores, formar en ellos un espíritu creativo, el que a su vez puedan replicar con sus alumnos. Lo que sí está claro es que “la educación no necesita que la reformen; necesita que la transformen”, como señala el mismo Robinson.

Ahora, la pregunta del millón que muchos docentes se deben hacer es ¿cómo fomento la creatividad en mis alumnos, dada las necesidades que enfrentarán a futuro?

Si bien no existe una única respuesta frente a esta interrogante (sería muy poco creativo decir que sí), para desarrollar la creatividad se requiere de una serie de elementos que faciliten su surgimiento:

  • a) Tiempo: las grandes ideas no provienen de una inspiración repentina sino que son fruto de un lento proceso de maduración, de “darle vueltas” a un asunto durante meses e incluso años, por lo que es necesario darles un espacio importante de tiempo a los alumnos para que “echen a volar la imaginación”.
    b) Colaboración: se debe fomentar el intercambio de distintas ideas y la construcción en conjunto de la solución a un problema o la visualización de un desafío a futuro. En ese sentido, el trabajo en equipo es una dinámica básica dentro del proceso creativo.
    c) Autonomía: es recomendable que puedan administrar libremente el tiempo y los recursos necesarios para crear, es decir, planificar, dirigir y ejecutar con libertad el trabajo propio.
    d) Objetivos: es preciso que el docente establezca ciertos límites o propósitos finales a los cuales apuntar. Es difícil ser creativo sin tener ninguna restricción tanto como lo es estar sujeto a cumplir órdenes y no contar con un mínimo de autonomía.
    e) Error: es fundamental que los estudiantes cuenten con la posibilidad de equivocarse y volver a intentarlo, ya que de esa manera van forjando el camino hasta llegar a una solución creativa.
    f) Ambiente socioemocional positivo: el ambiente debiese procurar que los alumnos no tengan temor a equivocarse y a intentarlo todas las veces que sea necesario para dar con aquello que buscan.

 

Luego, la pregunta es ¿cómo se puede llevar esto a la práctica?

  • 1. Plantear preguntas abiertas por sobre preguntas cerradas
    Más allá de las sugerencias esas sugerencias generales, una primera forma -y tal vez la más simple y directa- de comenzar a potenciar la creatividad en los alumnos tiene que ver con el tipo de preguntas que se les plantean, si estas son abiertas o cerradas. Esto no dice relación tanto con la cantidad de personas a las que va dirigida (si es grupal o individual) sino que con la cantidad de respuestas que es posible imaginar: una pregunta cerrada por lo general admite una sola respuesta y una abierta multiplicidad de ellas (al menos dos o más alternativas). Así, tenemos por ejemplo que frente a la pregunta quién descubrió la penicilina, la única respuesta es Alexander Fleming, mientras que si se pregunta qué hubiera pasado con el desarrollo de la medicina si es que Fleming no hubiese descubierto la penicilina, vemos que espontáneamente surgen muchas y muy diversas respuestas. Lo mismo frente a cuánto es 2 + 2 versus de cuántas maneras distintas se podría descomponer esta operación para llegar al mismo resultado. Una dificultad que se observa hoy dentro de las aulas tiene que ver con que la mayoría de las preguntas que se realizan son cerradas: el verdadero problema no es el exceso de preguntas, sino el exceso de preguntas cerradas. En diversas clases, es prácticamente el único tipo de preguntas que se realizan, tanto por parte del docente como de los alumnos. La principal dificultad es que no involucran ningún proceso de razonamiento complejo y la información que proporcionan es muy poco significativa.
  • 2. Proponer actividades grupales lúdicas
    Una segunda manera -y tal vez la más compleja y difícil de lograr- de promover la creatividad guarda directa relación con el tipo de actividad que se propone durante la clase. Es fundamental propiciar un rol activo en los estudiantes a través de tareas que requieran necesariamente de su colaboración; que sean lo suficientemente desafiante como para que les tome tiempo y esfuerzo llevarla a cabo; y que, en definitiva, estimulen un intercambio constructivo de ideas, opiniones y percepciones. Esto implica otorgar un mayor protagonismo a los estudiantes y un cambio en el rol del docente, quien actuaría más bien como un facilitador de las dinámicas de participación. La mejor herramienta pedagógica para apuntar a esto consiste en los juegos y dinámicas lúdicas, ya que no sólo motivan la participación de los alumnos y hacen más grata la experiencia sobre su aprendizaje, sino que también promueven el ingenio y creatividad en la medida en que requieren de la colaboración grupal y del trabajo en equipo para alcanzar las metas. Además, los juegos proveen una estructura lo suficientemente clara y precisa para regular las interacciones de los estudiantes, así como ofrecen los incentivos necesarios que motivan su involucramiento.
  • 3. Evitar actividades mecánicas
    Si la esencia de la clase consiste en escuchar la explicación que da el profesor y tomar apuntes; copiar mecánicamente en el cuaderno lo que el docente dicta; o resolver automáticamente ejercicios sobre un mismo contenido, es bastante difícil que con eso se potencie la creatividad de los estudiantes, independiente del nivel en que se encuentren. Entonces, es necesario reducir al mínimo este tipo de actividades o sólo aplicarlas si es estrictamente necesario, para dar un mayor espacio a otras dinámicas que requieren de habilidades más complejas.

 

Fuente: http://www.eligeeducar.cl/como-favorecer-a-creatividad-dentro-del-aula/?cat=blog-testimonios

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba