EDUCACIÓN AMBIENTAL: LA «OPCIÓN VERDE DEL DESARROLLO» PARA LAS CIUDADES DE CHILE

Por: Luis Eduardo Bresciani L. Arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Máster en Diseño Urbano de Harvard, Profesor Asociado y Jefe del Magíster en Proyectos Urbanos y del Área Ciudad y Territorio de la Escuela de Arquitectura de la (PUC).

 

Chile está entre los países más urbanos del mundo, con más de un 87% de población urbana, superando con creces el promedio de 77% de América Latina y el promedio mundial de 50%. Esto coloca al país como la décimo segunda población más urbana del planeta y la tercera de América Latina, lo que se acentúa aún más por la condición metropolitana de nuestra población, que supera el 48%, cifra muy distante del 19% mundial y el 28% de los países desarrollados.

No obstante los enormes avances y aportes de las ciudades al desarrollo del país, es evidente que han surgido y se han agudizado problemas urbanos que deben ser enfrentados con nuevas visiones e instrumentos. Hemos dejado muy atrás la etapa en que el salto a la industrialización para los países en desarrollo solo estaba al alcance de las grandes ciudades con economías de escala. Mientras más grandes, más eficientes. Así lo proclamaban el Banco Mundial y destacados urbanistas en los años 70.

Pero economistas como Paulo Singer del CEBRAP de Brasil, y otros del CIDU de Chile (hoy Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales) revirtieron esta visión. La clave del desarrollo no está en el tamaño sino en la distribución de los beneficios de su crecimiento, advirtieron, los cuales se concentran en el decil de más altos ingresos, mientras que los costos del crecimiento suelen afectar mayormente a los sectores de más bajos ingresos. Esto tiende a construir un escenario difícil de superar si muchas decisiones urbanas tienden a estar fuertemente influidas por los primeros, “en pro sólo del crecimiento”.

En otras naciones, la crisis del desarrollismo urbano se produjo junto a la conciencia de los derechos ciudadanos y el resurgimiento de los gobiernos locales, como ocurrió en la década de los 60 en los Estados Unidos.

En otros países, como Brasil, se esperó un momento político de crisis y cambios para hacer transformaciones, como fue a fines de los 80 con Jorge Wilheim en Sao Paulo o Jaime Lerner en Curitiba, que impulsaron una política estatal que intentó establecer equilibrios entre los costos y beneficios del desarrollo, impulsando formas y mecanismos del crecimiento urbano que minimizaron costos y optimizaron beneficios; dando mayores responsabilidades en las decisiones a los sectores más vulnerables y con ello oportunidades para acceder a los beneficios de integrarse social y políticamente; y creando las condiciones de calidad de vida y caída de la delincuencia que obligaron a los sectores de más altos ingresos a sumarse y valorizar los cambios de política.

Sin desconocer los avances en nuestras ciudades, se levanta la pregunta de cómo puede contribuir una política urbana a destrabar la actual contradicción entre haber triplicado el crecimiento económico y alcanzando los US$ 15.000 per cápita, manteniendo altas tasas de desigualdad social y precariedad urbano-ambiental, hecho que pocos países del mundo han debido soportar. ¿Qué formas de ordenamiento territorial, de organización social e institucional, recuperación y fortalecimiento cultural se requieren para un crecimiento sustentable y justo?

Cabe destacar que el crecimiento impulsado por la inserción global no solo nos generó costos sociales y ambientales, sino también oportunidades para un crecimiento sustentable y equitativo, que todavía son desaprovechadas por la política pública.

Esto nos lleva a preguntarnos sobre cuáles son las rectificaciones que nos pueden facilitar políticas de equidad social, reducir el impacto de la actividad humana sobre el territorio, fomentar prácticas urbano-ambientales más sostenibles y convertir nuestras ciudades en núcleos de innovación para el desarrollo económico.Es solo sobre esta base que será posible avanzar en una nueva fase de desarrollo sustentable para el futuro de nuestras ciudades.

El presente artículo recoge las reflexiones y propuestas del trabajo participativo sobre desarrollo urbano 1 realizado en forma previa al 8º Encuentro sobre Medio Ambiente “Opción Verde para el desarrollo de Chile”, las que fueron incluidas en el documento que se presentó en ese evento para la discusión.

 

¿Qué entendemos por «opción verde» de la ciudad?

Según las distintas definiciones, el concepto de desarrollo sustentable en boga no puede reducirse a “lo ambiental”, como ha sido la tendencia restándole efectividad a este concepto que, sin embargo, se sigue aplicando cualquiera sea el resultado.

La opción verde incorpora las dimensiones ambientales, sociales, culturales y económicas del desarrollo. A estas cuatro dimensiones debemos agregar la gobernabilidad, centrada en dar sustentabilidad al desarrollo mediante la democratización y un fuerte empoderamiento de la ciudadanía.

Solo una mirada urbana que integre todas estas dimensiones permitirá mejorar el medio ambiente, lograr una sociedad más integrada y equitativa, y generar crecimiento económico sostenible a largo plazo, capaz de distribuir sus beneficios en forma justa.

La construcción de un enfoque urbano con énfasis en la sustentabilidad bajo la opción verde representa una oportunidad para establecer compromisos colectivos de largo plazo. Por ello, se presentan a continuación las áreas de política urbana susceptibles de acoger con mayor fuerza una opción verde del desarrollo de la ciudad, que no solo impone costos sino también beneficios para el crecimiento económico y equitativo de la ciudad.

 

Ciudad con sustentabilidad ambiental

Aunque las ciudades pueden ser una de las principales fuentes de contaminación, los estudios internacionales muestran que su contribución a la contaminación no depende de la concentración de actividades y mayores niveles de urbanización, sino de los patrones de consumo.

Para modificar los patrones de funcionamiento y consumo de las ciudades, existen cuatro aspectos centrales de las políticas urbanas que deben ser abordados:

• Los patrones de uso del suelo.

• El consumo de energía.

• La gestión hídrica.

• El transporte.

 

En materia de energía, aunque el debate chileno se ha centrado fundamentalmente en la generación eléctrica y las crecientes demandas de energía del sector productivo y sector minero, es evidente que si sumamos todas las actividades urbanas, las ciudades son las principales consumidoras de energía.

Los estándares de construcción y diseño de la edificación residencial y comercial, y los patrones de movilidad urbana afectan fuertemente el consumo de energía y su impacto global.

Asimismo, la urbanización no solo consume una gran cantidad de agua, sino que modifica el funcionamiento del drenaje natural del suelo y el territorio, impermeabilizando vastas áreas, afectando acuíferos y cuencas.

En los próximos años se deben modernizar las normas e incentivos para el desarrollo de barrios y viviendas sustentables. Para ello, las ciudades deberán:

• Regular estándares de construcción sustentable.

• Establecer normas más exigentes sobre manejo e infiltración de aguas lluvias en las urbanizaciones.

• Reciclar parte de las aguas servidas domiciliarias, mediante nuevas normas sanitarias que permitan tecnologías para su reutilización.

• Fomentar el uso de terrenos abandonados o subutilizados con huertas y jardines comunitarios, mediante facultades para entregar en administración los terrenos a organizaciones comunitarias.

• Fomenta los parques de barrio, estableciendo como indicador nacional que toda vivienda no esté a más de 100 metros de un parque o plaza.

• Crear subsidios para ecobarrios, premiando a los barrios que cumplan con indicadores de sustentabilidad ambiental y social (integración social).

 

En materia de uso del suelo, muchas ciudades han desarrollado patrones de crecimiento urbano ineficientes en el uso de sus recursos, aumentando su huella ecológica.

Aunque en términos agregados la expansión urbana no representa aún un problema para el suelo nacional, el fuerte crecimiento de las ciudades experimentado en las últimas décadas ha significado fuertes impactos locales sobre algunas zonas agrícolas, áreas de valor paisajístico o suelos frágiles ambientalmente, que obligan a una planificación del suelo urbano con instrumentos que garanticen racionalidad en el uso de los recursos y condiciones de calidad de vida.

Para avanzar en una planificación sustentable en este aspecto, las ciudades deberán:

• Incorporar legalmente la dimensión ambiental en la planificación urbana.

• Reconvertir terrenos urbanos, mediante incentivos y normativas que faciliten la reconversión de usos obsoletos, la densificación y la integración de usos del suelo.

• Prohibir definitivamente el desarrollo urbano en zonas rurales al margen de la planificación.

• Incorporar cobros por mitigación de impacto en planificación urbana.

• Crear nuevos sistemas de financiamiento para áreas verdes y parques urbanos, como mecanismo de mitigación ambiental, reducción de CO2 y equidad social.

 

Desde el punto de vista del transporte urbano, durante las últimas décadas las ciudades chilenas han experimentado los mayores incrementos de su historia en la movilidad de las personas y los bienes, generando nuevas tendencias de descentralización urbana y dispersión territorial, e incrementos en la congestión, consumo de energía y contaminación.

El parque vehicular aumentó a una tasa de casi 6% anual desde inicio de los ‘90, mientras la población crecía al 1,5% anual, llegando a tener hoy más 2,5 millones de vehículos motorizados.

Los viajes por hogar también crecieron en más de un 40%, aumentando la movilidad y traslados de las personas al interior de la ciudad. En paralelo a los aumentos de movilidad y crecimiento del parque automotriz, se ha venido marcando una tendencia a la baja del porcentaje de viajes en transporte público, que hace dos décadas era tres veces mayor al uso del automóvil privado, y hoy es equivalente.

Para avanzar en la creación de un transporte urbano sustentable, las ciudades deberán:

• Reducir los tiempos de viaje de las personas, creando incentivos a la desconcentración de los centros de actividades y empleos en las grandes ciudades, mayores inversiones en sistemas de transporte público eficientes y programas habitacionales de integración social en los centros consolidados.

• Integrar la planificación de transporte y la planificación de usos del suelo.

• Priorizar el gasto público en infraestructura para el transporte público.

• Legislar sobre mecanismos de tarificación vial y creación de zonas libres de transporte privado.

• Implementar mecanismos de diseño vial y control que reduzcan velocidad del transporte privado en la ciudad.

• Priorizar los modos de transporte no motorizados, mediante la gasto público en ciclovías y mejoramiento de veredas y espacios públicos.

 

La meta debiera ser llegar a lograr un 25% del modo bicicleta en las ciudades chilenas, similar a muchas ciudades europeas. La meta que se impone en esta materia es: una ciudad verde e integrada.

La reducción del impacto ambiental de las ciudades sobre el territorio y el medio ambiente representan una de las condiciones básicas de la sustentabilidad urbana y la calidad de vida.

Se debe modificar los patrones de consumo de suelo, energía y movilidad, incentivando la creación de barrios, ciudades y territorios sostenibles ambientalmente en el tiempo, capaces de reducir su huella ecológica y neutralizar sus emisiones de CO2 y otros contaminantes.

Al mismo tiempo la sustentabilidad ambiental no solo implica la minimización del impacto ambiental, sino, al menos tan relevante como esto, implica propender a una inserción armónica en el territorio basada en el conocimiento y la valoración del lugar, lo que finalmente constituye el desarrollo o el reconocimiento de la identidad territorial.

 

Artículo ampliado en: http://www.cipma.cl/images/stories/Luis%20Eduardo%20Bresciani.pdf

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