Por: Margarida Massot, profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, miembro del Foro Idea y coordinadora del máster oficial interuniversitario Formación de Personas Adultas.

 

¿Qué quiere decir formación a lo largo de la vida en la sociedad del conocimiento? ¿Cómo se garantiza la igualdad de oportunidades en este proceso? ¿Cómo se puede dar respuesta a las necesidades formativas vinculadas a las trayectorias vitales y no solo profesionales? ¿Cómo se tendrían que reconocer los aprendizajes que se adquieren en el ámbito no formal? ¿Cómo se puede desarrollar el compromiso individual con el proceso de aprendizaje propio?

 

La educación permanente, una lucha sorda y constante

Vivimos en tiempos difíciles, en los que los diferentes contextos sociales enseñan (y de ellos aprendemos) que las personas han quedado reducidas a su versión de “hombre economicus”, en los que el neoliberalismo imperante impone la reducción de derechos y recursos, en otro tiempo garantizados por ley, entre ellos el de la educación para todos a lo largo de la vida. Parece que también hemos interiorizado que el declive de lo que es público es algo positivo y, por lo tanto, no es necesario o no podemos hacer nada al respecto. Así, el modelo político, económico y de sociedad al que estamos abocados no parece que esté en condiciones de valorar, y por lo tanto de impulsar, el acceso a la educación permanente como algo necesario, urgente y equitativo.

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que, en general, hay que hacer todo lo contrario. Así, he aprendido a desconfiar de certezas dogmáticas, interesadas, sobre aquello que hay que hacer y lo que no hay que hacer; también he aprendido a valorar la insumisión ante relatos oficiales y a defender que, cuando no se hace nada para avanzar, se retrocede inevitablemente.

 

El oficio de maestro o el ejercicio de la autoexigencia

El oficio de maestro debe empezar en la utopía, en la acción sobre la memoria colectiva, en todo aquello que hay que mejorar y cambiar a través de la acción educativa. La materia que hay que enseñar la ofrece la misma sociedad con su voz. Pero, ¿la oímos? ¿La escuchamos? ¿Y, a nosotros, nos escuchan?

Ingredientes para el oficio de maestro: mucha autoexigencia, espíritu crítico afilado, un poco de insatisfacción estimulante por el trabajo hecho, una pizca de cansancio y poca decepción por los resultados propios y sistémicos.

En el caso de la formación de personas adultas, además hay que hacer una formación específica y un trabajo interdisciplinario que, de momento, no están garantizados.

A lo largo de los años he aprendido que no podemos esperar que des de la Administración nos solucionen los problemas, que hay que remangarse y hacer. Hacer y pensar sobre lo que hacemos. Ser exigentes y autoexigentes. Y esto cuesta, y también cansa. Porque cuando crees que ya se ha acabado, tienes que volver a empezar.

 

Los retos: si todo está por hacer… ¿entonces todo es posible?

Uno de los retos que todavía tiene pendientes la sociedad actual es superar el analfabetismo funcional y tecnológico, para favorecer la adquisición de las competencias y herramientas necesarias para la inserción profesional, para la vida social y familiar, y para el ejercicio activo de la ciudadanía. Sabemos la importancia que tiene la formación de las familias en relación con el éxito escolar de sus hijos. Sabemos que en Cataluña los niveles formativos de la población adulta son bajos, y que la participación en programas formativos también es baja.

Otro reto es el de saber generar participación en dinámicas culturales y de ocio, aprovechando los recursos que tiene la comunidad y creando recursos nuevos. Sabemos también que quien más aprovecha estos recursos son las personas que tienen las titulaciones más altas, y no las que más lo necesitan.

Y la pregunta es: ¿qué estamos haciendo para resolverlo?

 

FUENTE: Portal de Educación y Debate, Las 3 cosas que he aprendido.  http://les3coses.debats.cat/es/temas

 

Margarida Massot, profesora en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UAB
Margarida Massot, profesora en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona