La neurociencia ha demostrado que los primeros años son el momento más favorable para el desarrollo de los aprendizajes, ya que en esta etapa el cerebro se encuentra en un estado de adaptabilidad y maleabilidad incomparable con otros momentos de la vida. Por tanto, la maduración del cerebro, la construcción de estructuras cognitivas y afectivas, así como el desarrollo de sistema nervioso de los niños -fundamentales para su crecimiento futuro- dependerán del cariño, estímulo y cuidado que en esa etapa reciban de los adultos, padres y educadores.

Además de aportar aprendizajes relevantes para toda la vida, una educación parvularia de calidad entrega beneficios para los niños en todos los ámbitos de su desarrollo. En ese sentido, el juego cumple un importante rol en el aprendizaje, porque es la forma que tienen los niños de relacionarse con el mundo y aprender. Cuando se alientan y favorecen las condiciones para que los niños jueguen y exploren, ellos aprenden y avanzan en su desarrollo social, emocional, físico e intelectual.

En ese contexto, Blas Pascal School cuenta con profesionales idóneos y competentes para entregar una educación parvularia acorde a los requerimientos actuales. Nuestra Coordinadora de Ciclo Pre Básico, Flavia Almonacid Queiruga, es Educadora de Párvulos titulada de la Universidad de Chile, posee un Magíster en Educación, y paralelamente trabaja formando profesionales del área en la educación superior. Ejerciendo en aula desde que se tituló, cuenta con 35 años de experiencia en educación parvularia, 20 de los cuales ha trabajado en el proyecto educativo Blas Pascal School, del cual destaca la confianza en las capacidades profesionales y la independencia para trabajar.


¿Qué te motivó a dedicarte a esta área en particular?

Nunca pensé en estudiar otra cosa. De hecho, cuando postulé a la universidad fue a lo único a lo que postulé, porque estaba absolutamente segura de que era esto lo que quería. Estaba y estoy totalmente convencida de lo importante que es la educación parvularia, y por eso era lo único que quería estudiar. Quizás por lo mismo una de mis aspiraciones es jubilarme siendo educadora de aula, porque el estar con los niños, el trabajar en aula, a mí me motiva, me llena, me alegra, y siempre he procurado ser un aporte en la educación parvularia.

¿Actualmente trabajas con niños de qué edad?

La educación parvularia abarca niños de 0 a 6 años, y a lo largo de mis años de experiencia he trabajado en todos los niveles. En este minuto en el colegio estamos trabajando con la modalidad dual, es decir, tomamos un curso en prekínder, al siguiente año lo tenemos en kínder y lo “licenciamos” por decirlo de algún modo, lo pasamos a básica, y eso significa que nos planteamos objetivos educacionales para dos años. Y dos años me parece bien, porque también se crea un vínculo, uno los conoce, ha visto la evolución, sabe qué hay que reforzar, ves los niveles de madurez, porque en los niños hay muchos otros cambios de un año a otro.

¿Qué cambios has visto tú en los niños de hace 10 o 20 años, respecto de los de ahora?

Todo ha cambiado, ha cambiado el sistema. De partida, actualmente el nivel de educación parvularia es reconocido, y reconocido institucionalmente. La educación es flexible, es cambiante, los niños cambian. Como educadora de párvulos sería fácil achatarse y hacer 10 años la misma actividad, pero uno tiene que mantenerse vigente, uno tiene que profesionalizar esto. Si tú me preguntas cómo son los niños de ahora a cuando yo empecé, es un mundo de diferencia. Por eso es muy importante actualizarse y tener conocimientos de todo tipo, de cómo enseñar, cómo aprender, cómo han evolucionado los niños, de la tecnología. Desde la película que está de moda, hasta qué cosas les gustan a los niños, el lenguaje, el tipo de juegos. Y lo otro que ha cambiado mucho también es la familia, y eso lo dificulta un poco más, porque la construcción de la familia ha cambiado, la forma de que la familia se involucra en la educación de los hijos ha cambiado. Si yo trabajara ahora como trabajaba al principio, no podría.  

Dentro de lo que es la educación parvularia acá en el colegio, ¿qué es lo que tú destacas?

Primero que todo, destaco el equipo de trabajo. Hemos logrado conformar un grupo bien afiatado, tenemos reuniones, tomamos acuerdos. En cuanto a las capacitaciones, hay un calendario de actividades de capacitación de nivel parvularia que nos permiten estar vigentes, y eso lo destaco, porque es posible hacerlo por la libertad de acción que nos permite el colegio, que, si bien tiene una visión, una misión, tiene un proyecto, y nosotros seguimos esa línea, en esa línea tenemos libertad de cómo actuar y cómo mantenernos vigentes. Eso ha sido bueno y se nota. Y esa libertad también nos permite hacer cosas innovadoras, no ser tan estructuradas. Por ejemplo, en algún momento se pensaba que en Kinder había que enseñar a leer y escribir, pero ese no es objetivo de la educación parvularia. Y eso acá se entendió. Se entendió que el objetivo de la educación parvularia es otro, es desarrollar habilidades para que el niño de manera natural llegue al proceso, y para eso trabajamos con método fonético, los niños conocen todos los sonidos de las letras, silabean, y ya a estas alturas en mi curso, por ejemplo, tengo 5 o 6 que leen, y solamente les he pasado una vocal, y así funciona el método, la fórmula.

Cuál es la importancia que tú le atribuyes a la educación parvularia en general, desde tu punto de vista profesional.

La educación parvularia para mí, y para el que entiende de esto, es el nivel más importante de vida. Todo lo importante de la vida, se aprende antes de los 6 años. Después se va profundizando, se van viendo los matices, pero en esta etapa se aprende a hablar, a caminar, se aprenden las normas, los modales, los hábitos, se le abre la mente al niño al conocimiento, entonces si no se aprovecha este periodo después es mucho más difícil. Cuando se es consciente de la importancia de este periodo de edad de los niños y la importancia de nuestro trabajo, entonces uno realmente le pone mucho amor a esto, mucho empeño, porque sabe que todo lo que haga va a repercutir en algún momento en la vida del niño, para bien o para mal. Cuando uno entiende esa importancia, uno tiene que ser responsable con su trabajo, responsable con lo que tiene en sus manos y con lo que le está entregando a los niños.

¿Qué dirías tú que, como educadoras, necesitan ustedes de nosotros, de los papás?

Bueno, uno ve todo tipo de papás, con diferentes características, pero el papá “moderno” es culposo porque trabaja, porque está mucho tiempo fuera, y sustituye ese tiempo con cosas, sustituye la atención con objetos, con darles en el gusto a los niños, y el papá culposo es difícil. Pero hay que entender que lo importante es el tiempo. Yo creo en la calidad del tiempo, no en la cantidad. Si los papás están dos o tres horas en la casa, que efectivamente estén con el niño, no que estén en el teléfono o el computador, que lo ignoren o posterguen, sino que estén, conversen, cómo te sientes, qué hiciste, qué te gusta hacer. Se trata de realmente compartir, el cuentito de la noche, el besito de las buenas noches, pequeños rituales que a lo largo de la vida son importantes. En reunión de apoderados he tocado el tema tratando de explicarles, y una vez pregunté a los papás: ¿cuál es el mejor recuerdo que tienen de sus padres?, y resultó que los mejores recuerdos son vivencias, son momentos, no son objetos: cuando corrían, iban a la playa, elevaban un volantín o les contaban un cuento en la noche. Esos son los mejores recuerdos que uno tiene de sus padres, y esos son los que hay que tratar de dejar.

Entonces tú dirías que para potenciar la educación que se les entrega a los niños acá, se necesita por el otro lado papás que sean capaces de dedicar un tiempo de calidad.

Poco, pero con calidad. Todos tenemos que trabajar y dejar a nuestros hijos. Pero se trata de preocuparnos de ellos, de saber qué sienten, qué piensan, cuáles son sus gustos.  Tampoco es necesario que los papás estén sistematizando el aprendizaje, porque todo, todo lo que se haga con los niños es aprendizaje, todo.  Y esos aprendizajes se pueden obtener de manera simple y lúdica en la vida cotidiana, por ejemplo: los colores, la orientación espacial, arriba, abajo, en fin. Hay tantos conceptos que son parte de nuestro día a día, y que solo hablándoles o jugando lo pueden entender y aprender.

Bueno, puede pasar que a veces este tipo de cosas a nosotros los papás no se nos ocurren, entonces: ¿tú haces ese tipo de orientación o apoyo los papás?

Al inicio de cada reunión trato de orientar sobre cómo afianzar ciertos aprendizajes, y les digo todas estas cosas que estamos comentando. A la larga uno también es un poco consejera, y tiene la obligación de orientar en cómo desarrollar tal cosa, qué hacer, en qué poner énfasis, cómo generar aprendizajes en el niño. Y no hacerles todo, porque eso genera inseguridad en ellos. A veces los niños lloran, porque se dan cuenta de que no saben hacer cosas como desvestirse, abrocharse, ir al baño, limpiarse, y que deberían saber a esa edad. Pero cuando el niño tiene desarrolladas todas esas destrezas, eso les da seguridad y entonces el aprendizaje viene por sí solo. No podemos evitar que nos falte tiempo, es parte del mundo moderno, pero ese poco tiempo aprovechémoslo, conversemos, vamos a la placita de cerca de la casa, tomemos un helado. Nos toma media hora, cuarenta y cinco minutos, pero en ese tiempo ya se forma un vínculo.

Para redondear, cuál sería tu consejo como educadora en tu experiencia, desde lo que tú has visto a lo largo de los años y de lo que tú ves hoy, como para ser un apoyo efectivo para los niños en esta etapa.

Lo único que puedo decir es aprovechen a sus hijos, pero de buena manera, no haciéndoles todo, sino que estando con ellos. La etapa es corta, pasa rápidamente, después no se puede retomar, lo que ya no se hizo no se hizo, lo que ya no se desarrolló no se desarrolló, o va a ser muy difícil más adelante. Entonces, aprovechen de regalonearlos, de jugar, de conversar, de compartir. Lo que tengan de tiempo, sirve. Y no traspasar los problemas de los adultos al niño. El niño tiene que preocuparse de ser feliz, de estar contento, de sentirse querido, de sentirse protegido, y ahí va a aprender y desarrollarse. El aprendizaje viene como resultado de tener una buena relación con los hijos. En esta edad no hay que darle tanto énfasis a lo académico, lo importante, es saber cómo se sienten. Eso no es fácil, pero son cosas que uno tiene que hacer conscientemente, e ir cambiando nuestra actitud conforme a lo que vemos que el niño necesita. Además, que se supone que para los padres son la cosa más importante, entonces tratémoslos como lo más importante.